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jueves, 29 de diciembre de 2016

God help the child (La noche de los niños)- Tony Morrison

Toni Morrison publicó el año pasado God help the child, una novela que nos acerca a los sufrimientos de muchos niños, sobre todo aquellos que toman la forma de abusos sexuales, y muestra que la infancia es una época que marca toda nuestra vida. El tema hace que su lectura sea difícil, pero la belleza con la que se narra la historia y la magia de quien sabe mezclar diferentes perspectivas es excepcional. Una mujer aparentemente blanca da a luz a un bebé negro como la noche. El padre de la niña la abandona y ella se empecina en darle una educación severa para enseñarle que la vida no le será fácil. La niña sabe utilizar precisamente esa piel azulada para empoderarse y se convierte en una mujer de negocios triunfadora, pero bajo esa capa de éxito esconde un secreto, aquello innombrable que hizo para sentir que su madre la quería por un instante. Es difícil saber, como en el caso de The Lost Child de Phillips, a quién se refiere el título. Los niños, si pueden, crean caminos insólitos para olvidar el abuso, pero siempre la huella de aquello que sucedió y la muerte se ciernen como una sombra que todo lo engulle: el amor, el futuro. Más que la protagonista, Bride, me convence su pareja, Booker, y sus poéticos y oscuros monólogos sobre el mundo. La música será su refugio allí donde su idolatrado hermano desaparece y no regresa jamás, pero no será suficiente. Para vivir necesitará ser capaz de dejar de llevarlo sobre sus hombros.

viernes, 28 de octubre de 2016

The Lost Child - Caryl Phillips


En The Lost Child se entretejen tres historias separadas en el tiempo y espacio, hiladas de una forma argumental muy sutil. En el primer capítulo, enmarcado en la reescritura de novelas clásicas, Phillips se imagina los orígenes de Cumbres borrascosas de Emily Brönte, con la descripción de la penosa situación de Heathcliff —de niño— y su madre, una antigua esclava traída de África al Liverpool del siglo XVIII, obligada a ejercer la prostitución y a vagabundear por los muelles pidiendo limosna. La mayor parte de la novela trenza una historia desoladora, la de Monica, con voces narrativas que se complementan y a las que el autor, acertadamente, sabe evocar con un lenguaje que refleja la expresión del personaje que narre ese capítulo en primera persona. El padre nos mostrará a una Mónica que él desea imaginar, pero no conoce, con un lenguaje racional, estándar y académico; el marido no dará voz a los pensamientos de su esposa; y Ben, su hijo mayor, se siente avergonzado y desconsolado y da rienda suelta a sus reflexions con el lenguaje de la calle. La historia más emotiva, la de Mónica, se fragmenta según se resquebraja su salud mental.

El drama de la madre africana está presente en el deterioro de la vida de Monica, que a raíz de su relación con Julius — ¿es quizás su marido negro descendiente de Heathcliff?— va siendo despojada de todo aquello que ama, incluso sus hijos, y sufre no solo a manos de una sociedad conservadora y patriarcal, sino también por culpa de las instituciones que, supuestamente, desean ayudarla pero cuyos miembros muestran, entre líneas, el racismo y desprecio por sus hijos mestizos y sus circunstancias. Además, Phillips entrelaza una tercera historia muy breve, la de Emily Brönte que confunde su propia vida con la historia que narra en Cumbres borrascosas y que nos recuerda que la realidad y la ficción son primas hermanas.

El último capítulo  explica cómo el vampiresco Healthcliff —también mestizo, y esto es muy interesante— es arrastrado al seno de la familia del Sr. Earnshaw, pero al no mencionarse los nombres de los personajes, podrían ser estos también el segundo hijo de Monica, Tommy, arrastrado a un mundo oscuro a manos de su nueva pareja, un depravado que agravará su situación y llevará a Monica hacia su desconsuelo final.

En las tres historias las mujeres sufren y mucho (todas son the lost child, no solo Healthcliff y Tommy); en gran parte por una figura paterna —patriarcado— que decide sobre sus vidas sin consultarles, pero también por una sociedad que ignora su situación. La esperanza existe en el primer hijo de Monica, Ben, que a pesar de su indefensión, aprende a aislarse del mundo que le rodea a través de la música en la que se refugia desesperadamente. Philipps da cuenta, muy ingeniosamente con la elección de los títulos, de la situación y desarrollo de este personaje; la música que menciona refleja sus estados de ánimo; escucha Those were the days de Mary Hopkin cuando es apartado de su madre, Hey Jude de The Beatles cuando se siente completamente solo y por fin Ride a White Swan de T. Rex la primera vez que una chica le sonríe. La música le ayuda a aislarse y consigue lo que no pudo hacer su madre, acabar sus estudios en Oxford y ser una persona moderadamente feliz.